El jardín del muerto
Belén nos llamó al día siguiente del sepelio para que le diéramos una mano con las cosas de su padre. Quedamos en pasar por su casa a la siesta, así que nos encontramos con mi hermano un rato antes en la plaza para tomar el colectivo. Encontré a Juan sentado bajo un árbol, con diez centímetros de lapicera perdidos dentro de la oreja en medio de una frenética rascada con espasmos. —Es una... —
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