El primer mundial que recuerdo es el del 86. Tenía nueve años. Estaba lejos de apreciar el fútbol como un arte. El equipo de Bilardo, al igual que el de Maradona hoy, había llegado a clasificarse a los tumbos, con un gol agónico de Gareca frente a Perú –un gol tan milagroso como el de Palermo, también ante Perú–. En cada mundial, d
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