La obra pública debería ser un fiel reflejo de la realidad del país, al menos eso dicta el sentido común. Sin embargo, los intereses políticos hacen que esto sea inviable y que la mayoría de las veces sea el turbio espectro de la lucha política y los intereses partidistas.
En una situación de grave crisis y, sobre todo, de empleo como la que atraviesa la ciudad nos deberíamos replantear cada euro qu

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