Cuando joven solía mirar la vida con los ojos del futuro, era lo más adecuado para una etapa explosiva, en la que todo se traducía en un afán desmedido por cambiar las cosas. Había mucho que cambiar entonces, igual que ahora. En la actualidad, suelo mirar la vida con los ojos del pasado, por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, precisamente.

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