El séptimo río
Pero yo no podía, mi mente estaba perdida entre la caricia de su lengua dentro mío, lamiendo la esponjosa textura que me encendía en llamas, y el roce de sus dedos, lubricados de mí, acariciando entre mis glúteos buscando relajarme… distenderme…penetrarme. Mi boca suplicaba palabras sin sentido que se volvían murmullo y rodaban en gemidos por el aire hasta tornarse en un silencio oscuro ... —
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