Sucede demasiadas veces para pensar que es producto del azar. Siempre que entro en la oficina de un banco o una caja, me encuentro con la cara de malas pulgas del bancario, o, peor, con alguien que no me va a resolver un problema sino me lo va a crear.
Hace unas semanas, un cajero automático me tragó la tarjeta de crédito. Como eran las cinco de la tarde, y hacía tiempo

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