Dicen quienes pasan por la calle Génova que huele mal. Que hay un rancio oler que hace cruzar de la acera impar a la par y salir corriendo. Porque una especie de hedor inunda la calle a la altura del número trece. Y ya es mala suerte, porque si hay algún sitio en el que los basureros se esmeran es ese, pero la pestilencia continúa.
Son muchos los viandantes madrileños que tratan de adivinar de dónde sale esa peste.

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