Arizona suena estos días a inmigración. A polémica. A medidas que gustan a sus habitantes y disgustan al gobierno. Pero Arizona vive también un tira y afloja entre las tribus de americanos nativos y el gobierno estatal. Y no por cuestiones de inmigración. La culpa la tiene el permiso para crear nieve artificial con aguas residuales sobre uno de los montes sagrados para los nativos.
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