Menuda, humilde, dorada, crujiente, aromática, sabrosa, la croqueta es un acierto, un logro, una genialidad, un bocado del Paraíso empanado y frito. Quien prueba una buena croqueta no puede resistirse al hechizo de coger otra, y otra, hasta que el plato quede vacío.
Hablo, claro está, de una buena croqueta, no de la amalgama harinosa, pastosa, fibrosa, seca por dentro y húmeda por fuera, floja, amarillenta, de sabor i

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