Me declaré en contra de la intervención internacional en Libia. No porque pensara que Gadafi era un santo, no. Era un gobernante que tenía a su pueblo, desde hacía décadas, bajo una dictadura impresentable.
Sin embargo, la misión de la intervención de la OTAN buscaba, como siempre, prebendas y beneficios, en este caso petróleo y un punto geoestratégico en el Norte de África que se les había resistido. Porque si fuera por dictaduras que

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