La escena transcurre durante una plácida mañana de domingo en un bucólico jardín de Westwood. Una tenue brisa disimula el calor veraniego, el verde por doquier brilla intenso, los ruidos de la ciudad se perciben como un eco muy lejano. Allí, apenas el canturreo de unos pajarillos, el murmullo del follaje y las pisadas ahogadas en una moqueta de hierba tierna.
Entre los pocos visitantes se respira un clima de sobrecogimiento, emoción con

Entrar