Hay muchos guionistas y directores de cine que no pueden resistirse a poner un epílogo más o menos largo después del clímax de la película. A veces, si tienen ganas de rizar el rizo, llegan a introducir un segundo clímax que, por fuerza, es mucho menos intenso que el inicial, que aparece como culminación de una escala ascendente dentro del ritmo narrativo.
Me refiero a ese momento en el que el desenlace de la historia tiene lugar, el

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