Seguro que si Galileo viviera, repetiría esta frase refiriéndose al 15-M. Porque el 15-M no se para. Continúa. Y es posible que fuera también condenado por los poderes públicos, por apóstata del sistema.
Ellos siguen en Sol y en las demás plazas de sesenta ciudades españolas. No quieren parar. Han pasado por encima de las elecciones y su resultado, como debe ser. Este movimiento, o es transcendente o no lo será.

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