Recrear la más absoluta desolación, el dolor puro, la intemperie moral, un espacio que desconoce las fronteras o los límites, sin asideros, sin redención, un desierto cuya apertura conduce a la claustrofobia más intensa que jamás se haya sentido leyendo. No hay infierno porque no hay juicio, ni censura, ni mucho menos salvación. Es necesario leer Meridiano de sangre con pausas para respirar y olvidarte, sacudirte la sangre y el polvo
Escribir tras el naufragio: McCarthy y Sebald
2 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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