Marcelo Ebrard, jefe del gobierno de la ciudad de México y el arzobispo Juan Sandoval Íniguez, connotado jerarca católico en este país, se la están jugando buena.
Uno porque defiende sus iniciativas y la separación de iglesia y estado, y el otro porque las quiere tumbar: le incomoda la idea de que dos personas del mismo sexo se casen y adopten criaturas.

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