Independientemente de lo cursi que sea el desarraigo musical que nos establece en la tele y lo torticeros y sucios, de una oscuridad opaca en su desarrollo y una progresiva estupidización en el reflejo iluminado que muestran en nuestras pupilas, hay momento en que uno no puede más que alegrarse de su existencia. Sí, estáis de suerte, esta semana no hay diatriba enmascarada a la realidad, esta semana ha venido un amigo a casa y me ha encendido
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