Una de las plumas -mal que le pese el sustantivo- más lamentables que se pueden leer hoy en día en España es la de Salvador Sostres.
El tufo reaccionario, provocador y retrógrado que despide el sujeto en cada una de sus intervenciones, orales -que sé que le gusta el adjetivo- y escritas puede detectarse a "tres tiros de arcabuz".

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