Este principio es un componente clave para lograr la innovación en valor.
Para esto, las compañías deben cuestionar dos practicas estratégicas convencionales: la de fijar la mira en los clientes existentes y la de buscar una segmentación cada vez más fina. Es decir, en su carrera por adaptarse a las preferencias de los clientes mediante una segmentación cada vez más fin

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