Sirva el título de homenaje a Joan Fuster, que en 1958 justificaba la celebración de la fiesta josefina tras la riada que asoló la ciudad de Valencia y sus huertas circundantes en el otoño de 1957, y que hizo pensar a muchos que tal vez fuese de mal gusto celebrarla. Años después Fuster sería quemado en efigie en una falla valenciana por “traidor a la patria”, honor que no creo merecer pero que ansío en secreto pues en este país, valenciano, n
Fallas después de la crisis [1]
3 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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