Als voces de los manifestantes en Abidjan (1) se escucharon en todo Costa de Marfil, airadas, desesperadas. “Tengo hambre!”, decían a quien les quisiese escuchar. “Trabajo durísimo y no llega para alimentar a mi familia. Esto es una vergüenza!” Las mujeres, todas en la calle, haciendo coro con sus cacerolas, manifestando su rabia y su impotencia. Estamos ante una verdadera catástrofe de origen antropolgénico. En Senegal, en Burkina Faso, Mauritan
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