Sabés Jugar? (La otra cara de la moneda)
Tenerla así, dentro, acompañada por la caricia de sus dedos, la presión en mi pubis, la mano jugando alternativamente con mis pechos y un orgasmo desgarrado que brotó desde más allá de la columna directo hasta su boca en un jugo cálido y profuso. Se bebió cada gota derramada, cada espasmo, cada sudor fragante -Que dulce que estás por Dios!!- y yo me debatí entre derretirme de ternura y a... —
Ningún usuario ha añadido todavía esta anotación a sus favoritas.

Entrar
RSS