Si fuera brasileño, lo llamarían Pedrinho y no habría dinero para ficharle.
Así se refirió una vez a él Pep Guardiola, que lo conoció en las categorías inferiores del Barça, lo ascendió al primer equipo cuando se hizo cargo de él y dejó clarito a la directiva que Pedrito no se movía del Barça por muy tentadoras que fuesen las ofertas que otros clubes de Primera o de otras ligas hicieran por él.

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