Entre los asistentes a la casa de Anna Pávlovna Scherer llamaron mi atención dos damas. No fue ni su físico, ni su rango —una era una “princesita” y la otra, creo recordar, una condesa—. Lo que me inquietó fueron sus acciones; más específicamente, los objetos con que realizaron tales acciones. El vizconde de
Ningún usuario ha añadido todavía esta anotación a sus favoritas.

Entrar