La soledad golpeó a su puerta aquella noche, esa lejanía cercana le quemaba la piel. No se quejó…, nunca se quejaba, pero las llagas le comían el alma poco a poco (y con aviso…).
Diálogos con el Espejo: pensar, no llorar y decidir…
2 años · Escrita desde Valladolid, España · Comparte:
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