En Riyadh, con cierta frecuencia, padecemos un día de arena. Ayer y hoy, por ejemplo. Sales a la calle con unos 45º a las 8 de la mañana y un viento caliente lo invade todo. Puñados de arena te azotan la cara, el fino polvo del desierto se mete en el pelo, el paisaje se difumina en tonos de blanco brillante, el cielo deja de ser azul, bueno, lo poco azul que su
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