El polémico ataque aéreo que las tropas alemanas presentes en Afganistán ordenaron el pasado 3 de septiembre para destruir un camión de gasolina robado por rebeldes talibanes ha terminado por convertirse en una bomba de relojería adosada al gobierno de Angela Merkel. Las dimisiones del general Wolfgang Schneiderhan y del secretario de Defensa, Peter Wichert, respondían ayer a las fundadas sospechas de que el Ejecutivo alemán pudo haber ocultad
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