Ahora que he detenido la electrolisis para ahorrar oxígeno, reducido al mínimo los sistemas de soporte de los módulos tres y cuatro y calculado aproximadamente el valor calórico de las ratas experimentales que aún no he sacrificado, sé que con casi toda seguridad moriré de sed. En realidad, podría elegir la causa de mi fallecimiento. Muerte por sed, por asfixia, por inanición o consumido por la fricción con la atmósfe
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