Imparable es la palabra. En los directos de este músico con pinta de buen mozo hay energía, mucha energía, demasiada me atrevería a decir, esa fuerza contagiosa que consigue que cualquier público se mueva como si llevara al demonio dentro. Y lo bueno es que no hace nada nuevo, el suyo es un soul de toda la vida, abalado por dos discos y unas influencias nada desdeñables. Tenemos a Sam Cooke
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