Me resultaba familiar. Con esfuerzo recordé haberla visto en otra fiesta, una de Halloween, quizás tú recuerdes quién la organizaba, aquella en la que misteriosamente casi nadie apareció disfrazado, vestido de bruja o de fantasma, aquella en la que terminamos todos en el salón hablando hasta que se hizo de día, tirados en los sillones sin dejar de beber. Ni siquiera llegamos
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