Desde el coche, intentando salir de Triana por la Calle Castilla antes de que Alfredito Buena Gente y sus secuaces me conviertan aquello en una ratonera, con el agobio del llegar tarde a la oficina por haber llegado tarde al colegio a dejar a las niñas, le vi venir. Embutido, casi aprisionado en unos raídos pantalones de cuadros, con una cazadora de color indeterminado abrigándole el cuerpo, una
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