El Frankfurter Allgemeine Zeitung, mascarón de proa del periodismo conservador de calidad en Alemania, constituyó uno de los últimos reductos de la prensa mundial en su quijotesca pugna contra el poder de la imagen. Desde su fundación, en 1949, y durante casi seis décadas, su primera página acudió fiel a la batalla de los kioscos con las únicas armas de la palabra impres
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