Fellini era un genio. Un genio que no dudó nunca en hablar de sí mismo en libros (Fellini por Fellini), entrevistas e, incluso, en sus películas (8 ½). Se gustaba, y le encantaba gustar. Se llevó al huerto a las mujeres más hermosas, y consiguió para su alter ego en pantalla al actor más atractivo del momento en Italia, y casi casi en el mundo entero (lo siento, Paul Newman siempr
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