Trotsky, en respuesta a los que criticaban la geopolítica del stalinismo, respondió una vez que la revolución puede cambiar la política, pero no la geografía. La idea de que los estados-nación tienen intereses estratégicos estables e independientes de los gobiernos que los dirijan parece obvia y sin embargo la obamanía parece estar olvidándolo. Jesús Pérez
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