No hay prisa. Me incorporo del cama de la habitación. Es un lugar limpio y sin apenas decoración. En las paredes tan solo cuelga un cartel de propaganda política china, en la que dos monigotes grandes y rojos aplastan a un hombrecillo azul. En los márgenes del cartel, dos lemas, uno escrito con ideogramas y el otro con caracteres cirílicos. A los pies de la cama, apenas separadas por un par de metros, una mesita de acero comprada en Ikea sosti
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