Si yo pudiera acariciarte, ¡oh fina suavidad de la música del viento!, en las ramas profundas de la encina… ¡Oh, si tuviera tacto el pensamiento para palpar la redondez del mundo, el rumor de los cielos transparentes, el pensar de las frentes y el viaje del suspiro vagabundo!… ¡Si al corazón
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