…acerqué suavemente el cañón de mi arma a la grieta abierta en la puerta. Al mismo tiempo, para asegurarme de no errar el disparo, aproveché otra abertura para observar si mi objetivo estaba donde podría volar su cabeza. Mientras, aquella persona a la que tanto odiaba y a la que, desde mi más íntimo deseo quería reducir a un simple cadáver, no terminaba de situarse en la mirilla de mi objetivo.
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