Abrió la puerta, entró en la cocina y se dio cuenta en el primer vistazo. La tazas habían desaparecido. El resto de los enseres se encontraban en su sitio pero las argollas de donde solían colgar las tazas de corazón errante estaban vacías. Fue un duro golpe, sentía que todo estaba vacío: vida, cuerpo, alma y ahora, corazón. Miró al gato que reposaba sobre una de las sillas de la cocina, el gato le devolvió la mirada y ahí quedó todo. Nunca ha
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