Felipe Calderón Hinojosa ya comprendió que su decálogo de reforma política es inerte: Que no cumple con su cometido. Lo sabía desde el principio y estaba cierto de que se la revertirían en el Congreso de la Unión, llámese Cámara de senadores o de Diputados. Pero eso era su intención desde diciembre, porque, vislumbro, lo hizo con el afán de llamar la atención y desviarla, así, de los problemas inherentes a su entorno, como el alza de precios
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