Sucedió en un restaurante en Madrid, durante un almuerzo con unos clientes. Ella, ejecutiva de una empresa colaboradora nuestra, se dirigió al camarero para pedirle algo y éste no le hizo ni caso. Al comentarle yo que el camarero no la había oído me dijo sin inmutarse: "No es eso, es que a partir de una cierta edad te vuelves invisible". "¿Cómo?", pregunté. Entonces ella, mujer madura de unos 40 y tantos años, de
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