Nadie esperaba gran cosa de la selección española, salvo que ganase el partido. Sin lucimiento, sin ruido y sin aspavientos, quiero decir. Como al tran-tran. Por eso de la honrilla y de terminar la fase de clasificación con diez de diez. Eso no sirve para nada, que conste, pero nos da vidilla a los periodistas para regalar elogios. Y también para sembrar el miedo en el rival. Porque desde que España ganó la Eurocopa, todos nos juegan con miedo
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