Todos creemos que hay cosas que se pueden recuperar, ¿verdad? Por ejemplo, si bebemos agua de una fuente limpia, sabemos que otro día que nos apetezca saciar nuestra sed podemos volver a ella.
Lo mismo ocurre con las flores. Pisamos una y sabemos, casi con toda seguridad, que no ha sufrido; y que hay cientos de miles a su lado y que, en alguna parte, siguen brotando nuevas flores

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