Medio dormido, me levanté a oscuras al oír llorar a mi bebé en su habitación. Su madre, para calmarle, sonreía y canturreaba nanas junto a su cuna. A sus pies, el blanco féretro había dejado una mancha de barro en la alfombra.
Ningún usuario ha añadido todavía esta anotación a sus favoritas.

Entrar