El día a día de las subastas judiciales se nutre de plazas de garaje, naves industriales y, sobre todo, de viviendas, desde pisos en pleno centro de la ciudad hasta casas unifamiliares. Y detrás de ellas suele esconderse una única razón: el embargo. En el último año, los problemas económicos de numerosas familias han triplicado este tipo de sorteos en los juzgados vitorianos o, lo que es lo mismo, se ha pasado de convocar 40 concursos en 2008.
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