Que a mí me guste la sequedad, no es extraño. He hecho demasiadas campañas bajo las lluvias de los valles del Rin y del Danubio. He recorrido millas a pie, metido en el barro hasta los tobillos, y he dormido en tiendas que amanecían empapadas de agua. No obstante, este gusto por todo lo seco
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