Cuando comento alguna cuestión de privacidad informática en clases, siempre hay algún/os alumno que sigue la diatriba con una mirada mezcla de incredulidad e indiferencia.
La indiferencia ante el conocimiento obtenido por terceras personas sobre nuestros hábitos está muy bien durante algunas épocas de nuestra vida -léase adolescencia-, pero debería ser mot

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