¿Cómo es posible? Como suele ocurrir, el problema no está en los datos sino en las personas. Para un ordenador, un dato no es más que eso: no es bueno ni malo, no es mucho ni poco. Pero las personas siempre valoramos los datos: queremos saber qué significan, si son importantes o no o si debemos alegrarnos o preocuparnos.
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