Hay veces que la suerte se pone de mi lado, como cuando llegué a Calatayud. Faltaban poco más de diez minutos para las doce de la noche cuando, tras recorrer las calles vacías durante un buen rato, encontré el hotel donde me iba a hospedar, y no se que pasaba pero estaba todo lleno de gente. La plaza mayor de Calatayud, a una

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