Cuentan que, mientras rodaba en Italia la película “Don Camilo“, solía pasear por los alrededores del plató sin quitarse el disfraz de cura. Un día se le acercó una niña y le pidió una bendición. Sin saber qué decir, Fernandel se excusó.
“Verás, bonita, es que yo no soy un verdadero sacerdote…“. “No hay problema -replic

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