No son pocas las veces que mi tía-abuela, católica apostólica romana hasta la médula y más allá, me ha sugerido (por no decir ordenado) que debería leerme el sagrado libro de la Biblia. Me la ha presentado más de una vez en su casa en una edición maravillosa de más de tres kilogramos y, a mi modo de ver, demasiadas páginas con bordes dorados. Se supone que leerse un libro (un librazo) de estas car
Ayúdanos a hacer de Bitacoras.com un servicio mejor para todos. Lee nuestros consejos.

Entrar