Jamás he logrado entender esa ecuación misteriosa según la cual es más que necesario que un político, un gerente o cualquier otro alto cargo gocen de salarios astronómicos que en ocasiones rozan el escándalo y, sin embargo, si un trabajador cualquiera gana treinta mil euros al año ya es un privilegiado y se le despoja automáticamente de cualquier derecho. Y lo que menos entiendo de todo esto es la amplia aceptación social que

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